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sábado, 18 de enero de 2014

Si tú no estás aquí

Qué difícil saber, si no se pierde, si no se vive en carne propia. Qué difícil saber cómo se siente que a uno le arranquen una parte del corazón, una parte del alma... ¿Cómo recrear el vacío infinito? ¿Cómo envolverse en desesperanza?

Ver los retratos que despiertan recuerdos, y el espacio vacío en la cama que reafirma que ahí no está ni estará quien buscamos. Dar vueltas alrededor de la casa buscando algo que no se perdió y esperando el sonido de la voz de alguien que ya no hablará. Los locos construyen tumbas y altares para rematerializar la materia que ya se perdió, que ya no podremos tocar. Colocan placas con nombres y fechas, flores y mensajes esperando que se transformen en la figura de un ser que no volverá, y es como esperar el abrazo de un fantasma, que tiene espíritu pero no una serie de átomos que lo respalde, y uno se apoya sobre ello y grita y llora su impotencia sin obtener una respuesta satisfactoria, sin escuchar más que un silencio perturbador.

¿Por qué? ¿Por qué te llevás una parte de mi alma? Preguntan los desesperados, que aún no comprenden que lo importante no es la razón, ni lo fuerte que sea, porque ninguna condición justifica ese desgarro y ninguna respuesta llenará el vacío del amor que se fue. Ni las razones, ni el azar, ni un amor nuevo pueden llenar ese agujero inmenso que deja una persona cuando se va. Cambie o persista. Viva o muera. El vacío siempre queda. Cada espíritu es único en sí mismo, y es único a su vez para todos aquellos con los que se relaciona.

Uno se culpa a sí mismo, también busca culpables ajenos, algo o alguien con quién descargar la impotencia que inyecta adrenalina en nuestro organismo cada vez que la sufrimos. Pero si se acaba el mundo y las estrellas dejan de brillar, los agujeros negros igual existirán. Nada puede consumirlo o acabarlo, parece tan extenso, que ni la concepción de un universo finito podría contenerlo; y tan eterno, que aún siendo infinito el tiempo, parece que ni éste puede sobrevivir el dolor.

¿Y qué será de mí? ¿Por qué yo tengo que vivir? ¿Cómo salir adelante cuando la vida saca un revólver y dispara a quemarropa a quien la vive, dejando un faltante en el pecho?

Si pudiera volver a ver... Esos ojos tan hermosos, que me miraban llenos de luz en la mañana, embebidos en excitación por la noche, y empapados de lágrimas en el último momento... Hubiera dado la vida y un poco más por que fueran mis ojos los que se cerraran entre tus lágrimas, y no los tuyos, que pueden dar vida en la muerte y alegría en la tristeza. Este mundo se siente, y es, mucho menos valioso ahora que no estás para llenarlo de esperanza. Soy tan miserable cuando me hacés falta...


martes, 5 de junio de 2012

El amor es un acto reflejo

Ese momento en que te sientas, ves por la ventana y el atardecer es el más hermoso que has visto en años. En ese momento piensas y te das cuenta que te ha dejado un agujero en el pecho. Que esa historia de amor ficticia que pretendía ser la más extraordinaria que jamás hayas visto se convierte en un doloroso recuerdo en tu mente y en la memoria de tu estúpido y dulce corazón. La muerte se lo lleva todo en un segundo, pero a ti te parece una eternidad. Lo colma todo de un vacío punzante que arde, que quema como el fuego, y te das cuenta que por más vacío que estés, pesas dos o tres toneladas; tanto que no tienes  fuerzas para sostener tu cuerpo que cae desplomado al suelo por la tristeza inmensa que la muerte ha dejado en lugar de la relación afectuosa que tenías con esa persona, quien abandona este mundo en un suspiro. Te hace falta, lo echas de menos, te sube la adrenalina al doscientos por ciento pero no tienes la voluntad más que para dejarte caer. Y el mundo no es el mismo. Las sonrisas no alcanzan para cubrir semejante infinidad, el dolor en los recuerdos es directamente proporcional a la falta que te hace ese ser, ves todo con otros ojos (y con otra cara), las ceremonias superficiales y poco profundas de la gente te dan asco porque no valoran lo que les rodea; y cada atardecer o amanecer, cada rayo de sol que hace brillar tus ojos te parece lo más solemne que te ha pasado en la vida pues está respaldado por el amor que sientes y que nunca se irá, el sentimiento más puro y genuino, que no quiere dejar ir aquello a lo que estaba aferrado. Lo único bueno que se puede rescatar de esto es que era sólo una historia ficticia, que no ha ocurrido en realidad (que sepa, al menos) y que no se le desea a nadie que le suceda, porque definitivamente es lo mismo que morir en vida, que llevar un cuerpo sin alma. He aquí la historia de Pepa (interpretada por Laura Sánchez) y Silvia (interpretada por Marián Aguilera), de la famosa serie española Los Hombres de Paco. Lo único que recomiendo es que no le den gran importancia y traten de no buscar la historia para ver el final porque es realmente muy doloroso y absolutamente no apto para personas con problemas cardíacos o emocionales (de verdad lo digo). Sin embargo algunos fans de la historia han hecho finales alternativos para las protagonistas, tratando de olvidar el final real, que se tuvo que dar por el retiro de una de las actrices del elenco de la tira. O esperamos que haya sido por eso, porque escribir de buenas a primeras un final así es sin duda un crimen. Aquí voy a dejar únicamente el video que muestra el final que yo hubiese querido. En cuanto a la serie, es excelente (pasando por alto la forma en que manejaron el fin de esta pareja y cómo continuaron la vida de la protagonista restante después, en mi opinión. No obstante, hicieron algunos arreglos y dejaron gran cantidad de mensajes que mejoraron un poco mi concepto de ello); aporta unas lecciones de vida que lo dejan a uno con el corazón en la mano... Esto es un punto para apreciarles. Disfruten el video (fanmade, es decir, no es oficial de la serie más allá de que todas las imágenes vistas pertenecen a la productora), este deja con ganas de seguir viviendo.


sábado, 19 de mayo de 2012

Death

You don't know how does it feel till it happens to you.

No sabes cómo se siente hasta que te pasa.